Articulo opinión HE APRENDIDO A DECIR NO, de Enrique Ballester, Algemesí

Decía Ulises: “Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias”. Durante mi viaje a Ítaca, entre aventuras y desventuras he aprendido a prescindir de algunos falsos amigos, a cuestionar creencias impuestas y dogmas de fe ciegos, y a pronunciar una de las palabras que más cuesta, “NO” con mayúsculas. Un NO firme y convencido, que expresa un total desacuerdo con quien intenta imponer un SI indiscutible y dictatorial, a golpe de ley o decreto.

 Y continúa diciendo el héroe griego “No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado”: y durante el viaje vas elevando tu pensamiento, ganando altura de miras y pierdes el temor a contradecir a quienes te dictan el camino a seguir, a los que intentan imponerte leyes improvisadas y jurídicamente inaceptables, a políticos narcisistas que se creen dueños de la palabra democracia progresista.

Y en esta etapa del camino digo NO con mayúsculas:

NO, a un Ministerio de la Verdad, cuya finalidad es “examinar” los medios que se emplean para “interferir en sistemas democráticos”, dicho en leguaje profano, para censurar a los medios de comunicación que no sigan el discurso oficial del gobierno. Un gobierno que pretende desinformar a los ciudadanos para evitar la desinformación.

Un Ministerio que actuará “examinando la libertad y pluralismo de los medios de comunicación”, y fíjense que contradicción, que ejercicio de libertad y pluralismo, que ejemplo de imparcialidad, lo hará un órgano controlado desde La Moncloa por un grupo de sabios capitaneados por el jefe del gabinete de la Presidencia del Gobierno y  el secretario de Estado de Comunicación, que fiscalizaran a los medios y decidirán si las noticias que se publiquen se ajustan a la realidad o son falsas. Reinventan el NODO del pasado siglo, ahora maquetado por PSOE, Podemos, ERC y otros socios independentistas. 

Hay que hacer memoria histórica y recordar la intervención en 2017 de un diputado de Podemos cuando pronunció estas palabras en el congreso ante una proposición no de ley del gobierno popular que pretendía el control de los medios digitales, “Están planteando una Ley mordaza, la constitución de un «Ministerio de la Verdad», la democracia corre peligro”, y acusó al Gobierno de “ir a por los derechos fundamentales, a por las libertades democráticas en contra de la mayoría social”. Que apropiado ahora el refrán “Donde dije digo, digo Diego” y como ha cambiado el cuento de aquel discurso podemita libertador, al nuevo ministerio censurador de nuestro gobierno.

NO, a unos Presupuestos Generales del Estado para el 2021, un ejemplo deplorable y trilero de regateo entre los propios partidos de la coalición de gobierno y sus socios de investidura. Unos presupuestos “muy sociales”, tanto que van a dejar a la sociedad española endeudada con un déficit público del 12.2%. Unos presupuestos que saldrán adelante con los fondos europeos que llegarán in extremis a España, y en segundo lugar, según la Ministra de Hacienda, con unos “retoques” en la recaudación de impuestos, una manera muy fina de decir que nos van a subir los mismos. 

Unos presupuestos, que dicho sea de paso, incluyen una subida del 0.9% del sueldo de nuestros gobernantes en unas nóminas que a principios de éste año 2020 ya aumentaron un 2%, y que ni tan siquiera han pensado en congelar como medida solidaria con los más necesitados. Un gran ejemplo de austeridad de nuestro gobierno. ¿Qué pensarán de este incremento salarial en las largas colas del hambre de los bancos de alimentos, o los trabajadores en ERTE que llevan meses sin cobrar, o el más de un millón de personas que han solicitado el tan publicitado ingreso mínimo vital?

NO, a la política económica nefasta e incompetente del actual y dividido Gobierno de España, vagón de cola de la economía europea, líder en recesión, paro y déficit. La economía española sufrirá este año el mayor desplome de todos los países de la UE el -12,4%, y lidera también las previsiones de paro con el 17,9% para el próximo año y de déficit público con el 12,2%. Un futuro post-Covid que rompe la esperanza de recuperación económica y entierra las ilusiones de trabajadores, emprendedores y empresas.

NO a la Ley Celaá, una ley que en estos momentos no ayuda para nada a la unidad de los españoles, y que aprueba que el castellano deje de ser lengua oficial del Estado y vehicular en la educación, como primer paso para desalojar al castellano en las aulas. Una ley que además legisla la prohibición expresa de entregar suelo público para la construcción de centros educativos no públicos. Un paso más hacia un modelo educativo que vulnera la libertad de elección en la educación de niños y jóvenes.

NO al Ministerio de Hacienda, que permitirá entrar a la Inspección en los domicilios de las personas físicas y de las empresas, sin necesidad de avisar al contribuyente. La presunción de culpabilidad hecha realidad. Mientras, la política fiscal confiscatoria y el hambre tributaria del Gobierno, hunde más que la pandemia a la clase media trabajadora, a autónomos, y PYMES.

Como Ulises seguiré el camino, sin apresurar el viaje, esperando que algo cambie en nuestro país, para que alguno de estos no, se conviertan en sí de nuevo, antes de llegar a buen puerto.

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